jueves, 7 de agosto de 2008

MADRE LIBERTADORA La devoción a la Virgen

MADRE LIBERTADORA
La devoción a la Virgen se fue desarrollando ampliamente durante los siglos de la colonia, pero con una progresiva matización americana, tanto para los criollos como para los mestizos e indígenas. Se iban desarrollando insensiblemente la conciencia y la fe de María como Madre de América Latina.
Esta conciencia se hace plena en los rudos y difíciles años de la Independencia política de las metrópolis y el surgir de las nuevas nacionalidades. La convicción de la protección materna de Maria encuentra un nuevo contenido expresivo en las preocupaciones, angustias y dificultad de los procesos de independencia: todos los movimientos de liberación en un modo o en lo otro invocaban a Maria en busca de ayuda, protección y nuevo impulso. La fuerza de la devoción mariana y el peso simbólico de los títulos patronales dirigidos a la Virgen acompañaron los movimientos independentistas, de modo que en el proceso de consolidación de las nuevas naciones, esta conciencia estuvo presente a nivel del pueblo y responsables, incluso cuando estas fueron de tendencia liberal y anticlerical.
El General Belgrano, después de la batalla de Tucumán, en gratitud a la Virgen de las Mercedes, la nombra Generala del Ejército, haciendo constar en el parte de combate que la victoria era debida «a Nuestra Señora de las Mercedes, bajo cuya protección nos pusimos».
El General San Martín, antes de emprender el paso de los Andes, determinó elegir como Generala de su Ejército a la Virgen del Carmen, del convento de los Franciscanos de Mendoza, y como a tal le entregó su bastón de mando, en la solemne fiesta religiosa que con este motivo ordenó se celebrara.
En la independencia de Méjico, es conocida la figura del cura Hidalgo con los primeros insurgentes marchando al Santuario de Atotonilco y tomando de la sacristía un lienzo con la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, que la colocó en el asta de una lanza, y la enarboló como enseña delante de su ejército. Con ella y el grito de «Viva la Virgen de Guadalupe», emprende su marcha sobre San Miguel el Grande, hasta entrar con triunfo en Celaya, llevando siempre consigo el cuadro de Nuestra Señora.
Bolívar, en repetidas ocasiones, rinde honores a la Virgen. Y cuantas veces llegaba a Chiquinquirá, uno de sus primeros actos era postrarse ante la imagen de la Virgen Nuestra Señora.
Los patriotas de Quito, antes de lanzar el primer grito de rebelión, quisieron poner su empresa bajo la protección de María. Reunidos en los salones de Manuel Cañizares, se arrodillaron todos y rezaron una Salve a la Virgen de las Mercedes, a fin de que se dignase concederles el triunfo.
Ha nacido de esta manera, durante los años de la Independencia, la fe en María como Madre Libertadora. Un nuevo punto de referencia para comprender la mariología popular latinoamericana

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