jueves, 7 de agosto de 2008

Virgen de Bolivia SEÑORA DE COPACABANA

BOLIVIA
NUESTRA SEÑORA DE COPACABANA

De Mons. Jesús Juárez Párraga, Obispo de El Alto
Fiesta: 5 de agosto
Constituye uno de los Santuarios más antiguos de América. Este santuario forma parte del grupo de los santuarios que fueron testimonio de la primera evangelización de América Latina, con una característica peculiar, ya que se levanta sobre un antiguo templo dedicado al Sol y a la Luna, al que acudían los peregrinos. Allí a cuatro mil ocho metros sobre el nivel del mar, la Madre de Dios quiso acercarse a sus hijos para atraerlos al verdadero Dios.

Epoca precolonial
A orillas del Lago Titicaca se levanta el Santuario de Copacabana, uno de los más antiguos y renombrados de América. Allí se encontraba uno de los centros más antiguos de culto de la nación colla y según relaciones antiguas fue fundado por el Inca Tupac Yupanqui el cual lo pobló con mitimaes de otras regiones del Imperio. Servía de paso a la Isla del Sol, donde existía un famoso templo dedicado al Sol. El nombre Copacabana, quiere decir en quechua "lugar donde se ve la piedra azul" por la deidad que existía en el pueblo antes de la llegada del cristianismo a estas tierras. Ramos Gavilán afirma: "Este ídolo de Copacabana estaba en el mismo pueblo, como vamos a Tiquina, era de piedra azul vistosa y no tenía más de la figura de un rostro humano destroncado de pies y manos... Miraba aqueste Ídolo hacia el templo del Sol como dando a entender que de allí le venía el bien" (p. 101).
Vargas Ugarte afirma: “allí, en la proximidad de uno de los centros más antiguos y donde por siglos enteros recibieron especial culto las falsas deidades de los collas, quiso la Virgen María establecer su trono de amor y misericordia, a fin de conquistar para su Hijo a los numerosos indígenas que poblaban las márgenes de aquella laguna”.
Nuestros pueblos tienen espacios ligados a este origen: los grandes apus (cerros) protectores de todo el pueblo, los lugares de una familia, de un ayllu, la misma chacra doméstica que es el lugar de contacto con la tierra, con la vida, con el sentido providente de Dios.

Época colonial
Según López Meléndez, en 1553, existía ya en Copacabana, pueblo fundado por Ortíz de Zarate, una iglesia que estaba a cargo de los dominicos. Era una reducción dependiente de la corona de Castilla. Posteriormente, luego de la visita de Toledo (1579) y la expulsión de los dominicos, la doctrina de Copacabana quedó a cargo de sacerdotes diocesanos, entre los que destacan Montoro y Almeida. A esta época corresponde la entronización de la imagen de María, obra del indígena Francisco Tito Yupanqui, La primera iglesia erigida en Copacabana, pueblo cristianizado por los religiosos dominicos, según el P. Lizárraga era buena. Como patrona y titular de ella se nombró a Santa Ana, la madre de la Virgen.
Este tiempo de fuerte labor evangelizadora en la región del lago Titicaca, se interrumpió en 1569, momento en el que los frailes dominicos tuvieron que dejar la zona por disposición del Virrey Francisco de Toledo, avalado por la Cédula Real de Felipe II y otras más que señalaban que los virreyes podían conceder doctrinas a quienes ellos quisiesen. Así, se falló a favor del obispo y de los clérigos de Chuquisaca que lograron tener bajo su jurisdicción la provincia de Chucuito, dejando a un lado a los dominicos que, desde los primeros momentos de la llegada española se habían ocupado de la evangelización en la mencionada región. A partir de este momento, la doctrina de Copacabana quedó bajo la responsabilidad de los sacerdotes diocesanos, llamados entonces seculares, en oposición a los regulares; es decir los que pertenecían a alguna congregación religiosa. Sobresalen Antonio de Almeida y Antonio Montoro, en cuyo tiempo se entroniza María de Copacabana.
En Copacabana, como en otros lugares dominados por los incas, donde la división administrativa y social impuesta había originado fuerte tensión entre los Anansayas (distrito alto, clase social alta), y los Urinsayas (distrito bajo, clase social baja), entró en un momento álgido a finales de la década de 1570. La tensión tradicional se agravó por las heladas que deterioraron la economía agrícola de los habitantes de Copacabana. Ante esta situación, los Anansayas reunidos en cabildo decidieron ponerse bajo la protección de la Virgen María, Madre de Dios, bajo la advocación de la Candelaria, formando asimismo una cofradía en su honor. Frente a esta decisión reaccionaron los Urinsayas señalando que la elección de la Patrona y erección de una cofradía era para todo el pueblo. Que las condiciones de pobreza no permitían sostener dos cofradías; además, hasta ese momento, no se tenía una imagen de la Virgen de la Candelaria.
No obstante, tanto los Urinsayas como los Anansayas que, junto a sus prácticas religiosas habían recibido la fe cristiana, confiaron en la novedad del cristianismo que se hacía presente a través del rostro de esa madre que los cuidaba, y así se pusieron de acuerdo en venerar a María de la Candelaria, María que es luz, que vence al demonio de la desunión, representado en la sirena.
La imagen de María morena, María india, fue obra de Francisco Tito Yupanqui. Conocemos las dificultades por las que pasó, los esfuerzos que realizó para, finalmente lograr que el 2 de febrero de 1583, día de la Candelaria, su escultura fuese colocada en el templo. María morena fue reconocida y amada por los collas, logró apaciguarlos y unirlos en torno a ella. El sacerdote diocesano P. Montoro fue el primero en mantener el culto a María de Copacabana, luego serán los agustinos quienes impulsarán esta devoción, la misma que se constituyó en un elemento decisivo para la fe cristiana en Bolivia y en diferentes países de América Latina.
El mismo día de la Candelaria se instaló la Cofradía que debía ocuparse del culto de la imagen. Al acrecentarse la fama de la imagen acudieron de todas partes. Copacabana pasó a ser un lugar de peregrinación cristiana, pero además lugar de encuentro de razas, de culturas, de pueblos diferentes que se reunían entorno a la Madre de Dios, asumida como madre de todos y todas, lo que se mantiene hasta nuestros días.

María y la evangelización: milagros
El agustino Alfonso Ramos Gavilán se estableció en el convento de Copacabana a comienzo del año 1618, quedándose ahí mucho tiempo. Siente la necesidad de propagar las grandes maravillas de las que fue testigo cuando vivía en Copacabana "para mayor devoción de la Virgen y consuelo de los fieles: sus milagros". Se puede considerar como el primer milagro que la misma imagen haya sido querida, pensada y realizada por un lugareño, sin ser escultor, pintor, pero sí con el gran deseo de verla plasmada. Otro milagro es ver la imagen como él la siente y la piensa, con rostro moreno, María de Copacabana, María indígena, María andina, que supo unir a un pueblo que, por diferentes motivos, estaba dividido.
Ramos Gavilán narra innumerables milagros, sin embargo, parece importante resaltar alguno que podría ser releído desde la coyuntura actual.
La Virgen empezó a realizar sus milagros desde 1583. Ramos Gavilán documenta fechas, nombres, apellidos, origen de los devotos y circunstancias de los milagros.
Es importante destacar que los milagros beneficiaban no sólo a gente del lugar sino también a quienes visitaban el Santuario de todas partes, no sólo a indígenas sino también a españoles, sacerdotes, niños, mujeres y hombres. Por otra parte, los milagros no sólo se realizaban en Copacabana sino también en otras partes. María de Copacabana, se manifiesta como madre de todos y todas, es una mujer sencilla, cercana, acogedora y que nos envía a la tarea de búsqueda de unidad y paz.
Ayer como hoy Copacabana ha sido un lugar de penitencia, peregrinación, de oración, de encuentro, de compromiso al cual todos asistimos con fe y devoción, sea para pedir, para agradecer, pero sobre todo es un lugar de encuentro, en el que no se dan diferencias culturales, ideológicas ni sociales y este es el milagro de nuestros tiempos, que todos nos sentimos cubiertos, protegidos, bajo el manto de María y siempre animados por la MAMITA.
María de Copacabana no ha permitido borrar la religiosidad primera sino que le ha puesto rostro, la Pachamama, Madre Tierra, es la dulce María, por eso el apego y el respeto de la gente a la tierra. Ella está en el corazón de todos los bolivianos, convive con la diversidad, es parte de ella, es María y sirve invitando al pueblo boliviano a lograr el milagro de unidad en la diferencia., porque la diferencia más que ser un peso, algo negativo, es una riqueza.

3. Expansión del culto a Copacabana
La devoción a María de Copacabana crece a pesar de los obstáculos que se presentan, primero la oposición a aceptar que un indio haga la imagen, luego la expulsión de los dominicos, de los agustinos y posteriormente de los franciscanos que, en diferentes momentos, tuvieron a su cargo el santuario y, finalmente, la oposición del Papa Clemente VIII que en agosto de 1604, mediante Bula, dio a los agustinos el poder de quitar todos los altares, capillas y cofradías que existiesen en honor a María de Copacabana, cosa que los agustinos no hicieron
La devoción a María de Copacabana fue muy grande, probablemente la más importante de América del Sur. Sobre su leyenda Calderón de la Barca escribió una comedia, Ramos Gavilán una crónica, Calancha un libro, Valverde un hermoso poema y Marrachi una crónica tardía; todo esto antes del S. XVIII.
Posteriormente se han escrito otras obras; sin embargo queda pendiente una historia completa, que recoja la mayor información posible y muestre el verdadero valor de María de Copacabana y su Santuario.
Recién a principios del siglo XIX (1805) se hizo un reconocimiento oficial del santuario de Copacabana al consagrar la iglesia bajo el título de la Purificación. Un siglo después, en agosto de 1925, se coronó canónicamente a la Virgen de Copacabana y, en 1939 el santuario, por Breve Pontificio fue elevado a Basílica Menor.
La imagen original nunca sale de su santuario y para las procesiones se utiliza una copia de la misma. Es típico del santuario, que los que lo visitan salgan de él caminando hacia atrás, con la intención de no darle la espalda a su querida patrona cuya fiesta original se celebraba el 2 de febrero, día de la Purificación de María, y luego se ha trasladado al 5 de agosto, con liturgia propia y gran celebración popular.

A modo de conclusión
El santuario, lugar de la manifestación de Dios, ocupa un lugar importante en la historia de salvación. Como dice el Papa Juan Pablo II, "siempre y en todas partes, los santuarios cristianos han sido o han querido ser signos de Dios, de su irrupción en la historia humana. Cada uno de ellos es un memorial del misterio de la Encarnación, de la Redención... es la historia del amor de Dios a cada hombre y a la humanidad entera" (Redemptor Hominis, 13; Discurso a rectores en Santuarios de Francia, Bélgica y Portugal, en Roma, 22 de enero de 1981)
Llegar al espacio sagrado implica, muchas veces, trasladarse, ir hacia y en toda peregrinación cristiana subyace el concepto de una iglesia peregrina que no deja de caminar hasta el encuentro final con su Dios. La peregrinación es, por un lado, una búsqueda de Dios y, por otro, el encuentro con Él en un marco cultural y, este encuentro tiene lugar en los santuarios.
Los santuarios son por un lado lugares privilegiados de encuentro, de purificación, de manifestación y celebración de la fe, es decir, de evangelización y, por otro, de identificación local, regional o nacional.
El santuario es un lugar de encuentro. Si bien la religiosidad del pueblo, como afirma la Evangelii Nuntiandi 48, es vivida preferentemente por los pobres y sencillos, abarca todos los sectores sociales y es, a veces, uno de los pocos vínculos que reúne a los hombres en países tan divididos por lo económico, social y político.(P. 447). Eso es Copacabana en Bolivia.
A la iniciativa tomada por Dios responde el pueblo y lo hace desde su cultura, con los elementos que son propios a sus raíces culturales. Esta es su respuesta a la presencia, a la manifestación divina en los santuarios.
En el santuario el pueblo dice quien es, manifiesta su identidad. Es un espacio propio donde el pueblo creyente confirma su dignidad de hijo del Padre, es lugar de la memoria del pueblo. Tiene una capacidad simbólica para resumir esa memoria y hacerla aflorar al consciente colectivo
Sin duda, Copacabana es el lugar donde los peregrinos viven una experiencia religiosa, viven el misterio de la vida, el salto de lo ordinario a lo extraordinario, el contacto con lo sagrado, es, en suma, el descubrimiento / encuentro con Dios. Es un lugar especial porque en él Dios se manifiesta, es signo de Su amor y muestra a una iglesia peregrina que no deja de caminar hasta el encuentro final con su Dios. La peregrinación es, por un lado, una búsqueda de Dios y, por otro, el encuentro con Él en un marco cultural y, este encuentro tiene lugar en los santuarios.

No hay comentarios: